Programa Medios de Vida Sostenible y Gestión de Riesgo
Fortaleciendo la alianza entre las organizaciones socias del programa "Medios de vida sostenible" de CAFOD en Centroamérica, para mejorar el aprendizaje e impacto de los proyectos.
NOTAS

Conciencia de pueblo

23 de junio de 2017 | Honduras

Cualquier proceso que conduzca hacia la transformación de la sociedad ha de pasar porque la gente crea en sí misma. Si la gente no cree en sí misma es muy fácil que sea víctima de manipulaciones por poderes extraños a sus intereses. Es muy fácil que su conciencia sea enajenada o alienada por intereses muy distintos a los suyos. Cuando la gente no cree en sí misma, es muy difícil que tenga conciencia de pueblo.

La identidad de pueblo se alcanza cuando quienes lo conforman tienen conciencia de serlo, y por lo tanto deciden, actúan y se movilizan conforme a esta identidad de pueblo. Un pueblo lo es cuando sus miembros, desde sus diversidades, toman y tienen conciencia de ser oprimidos, saben identificar a aquellos que los oprimen y se organizan y movilizan en la lucha común por su emancipación.

Cuando no hay conciencia de pueblo, sus integrantes en lugar de ser ciudadanos, son conglomerados, habitantes, masas o turbas de un territorio que se dedican a buscar respuestas fuera de sus propias realidades y ponen sus confianzas fuera de sí mismos, en otros lugares, y lo que es peor, no solo no identifican a sus opresores y dominadores, sino que ponen en ellos su confianza y esperan de ellos solución a sus problemas y angustias.

Cuando no se tiene conciencia de pueblo hasta la gente más oprimida puede llegar a tener a sus opresores en sus corazones. Y se ven unos a otros desde la desconfianza y desde la lógica del sálvese quien pueda, cada quien buscando resolver por su cuenta su problema o su necesidad, sin tomar conciencia que esos problemas y necesidades no solo son comunes sino que nadie que no sean ellos los resolverá.

Cuando la gente no tiene conciencia e identidad de pueblo, siempre hay un “alguien” que la manipula, la conduce y habla en su nombre. Y siempre habrá un “algo” que se le impone, sea un modelo de vida, un modelo político, una concepción religiosa, unos criterios y unas conductas que debe seguir. Así se enajena la gente y crece su dependencia hacia los extraños.

Cuando un pueblo cree en sí mismo, construye su propio “algo”, es decir, su propio modelo de vida, su propio modelo económico, político y cultural, con sus principios, valores y actitudes. Cuando un pueblo cree en “alguien” ha de ser ante todo en sí mismo, en su propia gente, en sus capacidades, en sus oportunidades, en sus liderazgos, en sus sueños y en las luchas con sus demandas y sus contenidos.

Cuando un pueblo cree en sí mismo, define sus aliados, clarifica sus objetivos, adquiere firmeza en sus principios y alcanza flexibilidad en el andar para que nadie corra ni nadie se paralice, sino avanzar al ritmo de la lucha liberadora de un pueblo en lucha. La conciencia de pueblo conlleva a crear sinergias, confianzas, vínculos vitales, solidaridades, sueños compartidos, puentes. La conciencia de pueblo derriba los muros, crea comunidad, enlaza a la gente, genera corresponsabilidades y se construyen propuestas que abren caminos transformadores.

 
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